Kettlebells para yoguis: el entrenamiento de fuerza y el yoga
Kettlebells para yoguis: cómo la fuerza cambió mi manera de practicar y enseñar yoga
Durante muchos años practiqué y enseñé yoga.
Y llegó un momento en el que tuve que reconocer algo que no me resultaba especialmente cómodo:
el yoga no me estaba dando todo lo que necesitaba.
Tenía dolor de espalda. Tenía épocas de ansiedad. Practicaba yoga, respiraba, meditaba… y aun así había cosas que no terminaban de funcionar.
No dejé el yoga.
Hice algo que, mirando atrás, ha cambiado profundamente mi manera de entenderlo:
empecé a entrenar fuerza.
Y así empezó mi relación con las kettlebells.
Empecé con kettlebells porque no sabía qué más hacer
No hubo ninguna revelación mística.
No pensé: “voy a crear un método que combine yoga y fuerza”.
Simplemente necesitaba encontrar soluciones.
Mi cuerpo me estaba diciendo que algo faltaba y decidí investigar.
Así que cogí una kettlebell.
Los primeros dos meses fueron bastante desastrosos.
Me lesioné seriamente tres veces.
Tres.
Volvía a mi fisioterapeuta, me arreglaba, mejoraba… y volvía a entrenar.
En aquel momento podría haber llegado a la conclusión de que las kettlebells eran malas para mi espalda.
Pero empecé a entender algo mucho más incómodo:
el problema no era necesariamente la kettlebell. Tampoco sabía muy bien lo que estaba haciendo.
Y esta diferencia terminó cambiando mi manera de entender tanto el entrenamiento como la enseñanza.
Tener información no significa saber entrenar
Vivimos en una época extraordinaria para aprender.
Tenemos vídeos, tutoriales, Instagram, YouTube, libros, programas y ahora inteligencia artificial.
Puedes encontrar cientos de vídeos explicando cómo hacer un swing.
Pero ver un ejercicio no significa saber hacerlo.
Y saber hacerlo tampoco significa necesariamente saber programarlo.
¿Cuánto peso?
¿Cuántas repeticiones?
¿Cuántos días?
¿Cuándo progresar?
¿Cuándo parar?
¿Qué haces cuando algo duele?
¿Qué parte del movimiento está fallando?
Después de lesionarme varias veces, empecé a prestar mucha más atención a estas preguntas.
Y finalmente hice algo que considero fundamental:
busqué entrenadores.
Entonces llegó el powerlifting
Más adelante empecé a entrenar powerlifting con entrenador.
Y ahí aprendí otra lección importante.
Yo llevaba muchos años trabajando con mi cuerpo. Tenía experiencia con yoga, movimiento, respiración y práctica física.
Pero cuando entré en otra disciplina, tuve que volver a ser alumno.
Y eso fue fantástico.
Porque cuando eres profesor durante muchos años es fácil acostumbrarte a ser la persona que sabe.
Entrenar con alguien que sabía más que yo sobre fuerza me obligó nuevamente a escuchar, practicar, equivocarme y corregir.
A los seis meses decidí prepararme para competir.
Después de aproximadamente un año de entrenamiento participé en mi primera competición de powerlifting.
No porque piense que todo yogui tenga que competir.
Ni mucho menos.
Lo importante fue descubrir hasta dónde podía llegar mi cuerpo cuando el entrenamiento tenía estructura, progresión y supervisión.
De practicar kettlebells a querer aprenderlas de verdad
Un mes después de aquella competición llegó otro reto: mi evaluación como instructor con StrongFirst.
Mi primera experiencia tampoco fue una historia perfecta de Instagram.
Debido a una lesión, inicialmente pude realizar la parte técnica, pero no completar el test de fuerza.
Así que volví a entrenar.
Durante aproximadamente dos meses trabajé específicamente para poder superarlo.
Entrené duro.
Y volví a lesionarme poco antes del test.
No voy a vender aquí la fantasía de que respirando desaparecen mágicamente las lesiones. No funciona así.
Pero en esos días utilicé intensamente herramientas que llevaba años practicando: prāṇāyāma, meditación y visualización, junto con el manejo físico de la situación.
Dos días después me encontraba suficientemente recuperado para continuar.
Finalmente hice el test.
Y lo conseguí.
Aquello tuvo para mí un significado mucho mayor que conseguir una certificación.
Porque de repente se cerraba un círculo.
Yoga, respiración, meditación y fuerza habían dejado de competir entre ellos. Cada herramienta tenía una función diferente.
Por qué sigo entrenando con entrenador
Aquí viene quizá la parte más importante de esta historia.
Después de competir.
Después de formarme.
Después de enseñar fuerza.
Sigo entrenando con entrenador.
¿Por qué?
¿Porque no sé entrenar solo?
No.
Porque tener a alguien con experiencia observándote cambia completamente el proceso.
Ve cosas que tú no ves.
Te corrige.
Te ayuda a programar.
Te frena cuando tu entusiasmo va demasiado rápido.
Te empuja cuando estás haciendo menos de lo que realmente puedes hacer.
Y, además, crea compromiso.
Cuando has quedado con alguien para entrenar, entrenas.
Esto vale para kettlebells.
Y vale exactamente igual para yoga.
Un buen profesor no es un gurú
Por eso recomiendo a cualquiera que quiera aprender seriamente kettlebells o yoga que pase tiempo trabajando con alguien que realmente tenga experiencia.
No porque necesites un gurú.
Precisamente intento enseñar lo contrario.
Necesitas un buen profesor para llegar antes al punto en el que cada vez lo necesites menos.
Puedes descubrir todo por ensayo y error.
Yo lo hice parcialmente.
Y acabé tres veces en el fisio durante mis primeros meses con las kettlebells.
También puedes aprender de los errores y de la experiencia de alguien que ya recorrió parte de ese camino.
Un buen profesor no debería crear dependencia.
Debería ayudarte a desarrollar criterio.
¿Por qué creo que los yoguis necesitan fuerza?
Aquí mi posición ha cambiado bastante con los años.
El yoga puede desarrollar ciertas expresiones de fuerza, dependiendo enormemente del tipo de práctica que hagamos.
Pero practicar yoga no equivale automáticamente a tener un entrenamiento completo de fuerza.
En Ashtanga tenemos muchísimo trabajo interesante.
Empujamos.
Estabilizamos.
Sostenemos nuestro propio peso.
Saltamos.
Controlamos el cuerpo en posiciones complejas.
Pero la práctica sigue teniendo sus límites.
No disponemos fácilmente de una variable extraordinariamente útil:
carga externa progresiva.
Con una kettlebell puedo ajustar el peso.
Puedo medir.
Puedo progresar.
Puedo repetir patrones muy concretos.
Y puedo trabajar capacidades que después aparecen sobre la esterilla.
No quiero sustituir yoga por kettlebells.
Quiero que cada herramienta haga aquello que sabe hacer bien.
Fuerza y flexibilidad no son enemigas
Durante mucho tiempo el mundo del yoga ha estado obsesionado con ganar movilidad.
Un poco más profundo.
Un poco más abierto.
Un poco más lejos.
Pero movilidad sin suficiente capacidad para controlar las posiciones que alcanzamos no siempre es lo que necesitamos.
Por eso, actualmente, cuando observo a un practicante que no consigue determinada postura o transición, ya no pienso automáticamente:
“Necesita estirar más.”
A veces necesita exactamente lo contrario.
Necesita hacerse más fuerte.
Necesita producir tensión.
Necesita estabilidad.
Necesita aprender a empujar el suelo.
Necesita controlar una carga.
Necesita aprender a utilizar el cuerpo como una unidad.
Y muchas veces, cuando esas capacidades mejoran, también cambia su práctica de yoga.
¿Por qué kettlebells para yoguis?
Porque son brutalmente simples.
Una kettlebell ocupa poquísimo espacio.
Puedes entrenar en casa.
Puedes llevarla fuera.
No necesitas una sala llena de máquinas.
Y con relativamente pocos movimientos puedes construir un entrenamiento muy completo.
Deadlift.
Squat.
Press.
Swing.
Get-Up.
No necesitamos cincuenta ejercicios.
Necesitamos aprender bien unos pocos y practicarlos.
Eso encaja muchísimo con mi manera de entender el yoga:
principios antes que coreografía. Calidad antes que agotamiento.
Además, la kettlebell te enseña algo que considero extraordinariamente útil para un yogui:
producir fuerza sin perder organización.
La respiración cambia cuando aparece fuerza
Aquí se encontraron definitivamente mis dos mundos.
Durante años había trabajado con prāṇāyāma y respiración dentro del yoga.
Pero levantar peso me obligó a estudiar otra pregunta:
¿qué ocurre con mi respiración cuando necesito producir mucha fuerza?
No respiramos igual sentados haciendo prāṇāyāma que realizando un swing pesado.
Y tampoco deberíamos intentarlo.
El entrenamiento de fuerza me hizo comprender mejor conceptos que después regresaron a mi enseñanza del yoga: presión, estabilidad, tensión, relajación y respiración bajo esfuerzo.
Curiosamente, levantar una kettlebell terminó enseñándome cosas sobre mis bandhas que años intentando “activar bandhas” no me habían enseñado de la misma manera.
Porque de repente la presión tenía una función práctica.
Y entonces empezaron a probarlo mis alumnos
Por eso decidí crear Kettlebells para Yoguis.
No quería simplemente enseñar ejercicios con una pesa.
Quería traducir el entrenamiento de fuerza al lenguaje de alguien que viene del yoga.
Y después del curso empezaron a llegar mensajes como estos:
“Aunque esté empezando desde cero, siento que este entrenamiento es para mí. Tus explicaciones son sencillas y objetivas, tanto en los movimientos como en la respiración. ¡Ahora toca practicar! 💪🏼”
Y otro que para mí resume perfectamente por qué creé el curso:
“Noto que en mi práctica de yoga me hace falta fuerza y además odio ir al gimnasio, así que las kettles me parecen la opción perfecta.”
Exactamente.
No tienes que convertirte en powerlifter.
No tienes que amar el gimnasio.
No tienes que abandonar tu práctica de yoga.
Puedes simplemente añadir una herramienta que quizá esté desarrollando algo que ahora mismo falta en tu práctica.
Por eso he creado el Club Kettlebells para Yoguis
El curso fue solamente el principio.
Porque aprender un swing durante un fin de semana no sirve de demasiado si después la kettlebell se queda dos meses en una esquina de casa.
La fuerza necesita práctica.
Necesita repetición.
Necesita progresión.
Y necesita tiempo.
Por eso he decidido crear el Club Kettlebells para Yoguis.
Un espacio para continuar practicando, aprender progresivamente, corregir técnica y desarrollar fuerza sin convertir nuestra vida en un programa de gimnasio.
Porque esto es probablemente lo más importante que he aprendido durante este viaje:
no necesitas hacer muchísimo. Necesitas hacer lo correcto durante suficiente tiempo.
Si practicas yoga, no tengas miedo de hacerte fuerte
No creo que todos los yoguis tengan que hacer powerlifting.
No creo que todos tengan que competir.
Y tampoco creo que las kettlebells sean la única manera de desarrollar fuerza.
Pero sí creo que muchos practicantes de yoga se beneficiarían enormemente de un trabajo de fuerza bien diseñado.
Yo llegué a él por dolor, frustración y necesidad.
Me lesioné.
Me equivoqué.
Busqué ayuda.
Aprendí.
Entrené.
Competí.
Me formé.
Y sigo aprendiendo.
Quizá precisamente por eso hoy enseño fuerza de una manera muy diferente a como habría podido enseñarla si todo me hubiera salido bien desde el primer día.
La kettlebell no sustituyó mi yoga.
Me hizo comprender mejor mi cuerpo.
Me hizo replantearme algunas de las cosas que enseñaba.
Y, finalmente, me hizo mejor profesor de yoga.